Por: Juan Carlos ValdiviaLa ligereza con que se cuestiona al nominado Edmundo Beteta sin siquiera haberlo escuchado, la forma cómo se analiza una triunfadora película que ni siquiera se ha transmitido en el país, las declaraciones de asesores de ministros basados en sospechas muestran la poca seriedad no sólo del debate público, sino de los medios que dan cabida a suspicacias y sospechas, sin asidero alguno.Conocí a Edmundo Beteta hace largos años, y vuelvo a enterarme de él a raíz de ser nominado por el presidente de la República para el cargo de Contralor. Tiene las características, que se forman en esas primeras dos décadas de vida, que harían de él un excelente Contralor: estudioso, responsable, pero por sobre todo, un hombre de bien. Supongo que el paso de los años puede haber cambiado algunas ideas, pero no la esencia de la persona. ¿Cómo entonces congresistas lo cuestionan sin siquiera saber algo sobre él?Es que es fácil generar cuestionamientos sin fundamento, que permiten ganar titulares. Si usted le pregunta a uno de estos congresistas por qué se oponen al nombramiento de Beteta, dirán que es cercano a Carranza o al APRA. ¿Cuál es la prueba que sustente ese dato? Dicen ahora que su padre fue funcionario del primer gobierno aprista. Estoy seguro de que, por ejemplo, al congresista Lescano no le gustaría ser juzgado por lo que hizo su familia.Pero también hay que cuestionarse el papel de los medios de comunicación, ¿pueden los medios publicar opiniones que no se sustentan en ninguna prueba? ¿Es lícito que un congresista cuestione a una persona sólo porque no fue su promovido? ¿Es posible que los ministros den declaraciones sobre temas tan sensibles como los precios de productos de consumo basados en cálculos hechos en su cabeza?Nuestra clase política se desprestigia por su poca preparación y porque han aceptado que es mejor generar conflictos, pues ello da titulares, antes que hacer análisis o propuestas serias. Así estamos.
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