miércoles, 25 de marzo de 2009

SOBRE TECNÓCRATAS, RUTINARIOS Y GESTORES

Las trampas del Leviatán
Javier Barreda
Viceministro de Promoción del Empleo del Ministerio de Trabajo.
Ex Viceministro de Desarrollo Social del MIMDES
El Estado es una intensa y a veces confusa racionalidad e irracionalidad administrativa; es una organización que puede atrapar en su rutina y lógica. Su existencia y organización son necesarias y, aun más, en países con su ausencia, se retroalimentan los rasgos de abandono, exclusión y pobreza. No son pocos los espacios donde el Estado está aún ausente (lugares pobres y excluidos). Pero su presencia puede agudizar problemas sociales cuando éste se organiza en función de su única supervivencia, actuando hacia sí mismo y generando arquetipos de acción que los divorcia de la sociedad. Así la incidencia de las políticas públicas es muy tenue y la sociedad reacciona con violencia, desgano o asume comportamientos anómicos. Se pierde confianza en el Estado y la sociedad busca salidas individuales y colectivas más allá del ordenamiento legal. La experiencia en la administración pública nos ha ayudado a entender las diversas lógicas que se asumen desde los llamados servidores o funcionarios públicos frente a las trampas del Estado. A continuación trataremos de describir a cada uno de estos arquetipos, con el cargo de poder caer en una generalización no siempre agradable.
ArquetiposLos rutinarios. Generalmente son nombrados o denominados "estables" después de algún concurso público o por los largos años de renovación continua de sus contratos. Asumen las funciones al pie de la letra de lo dispuesto en sus reglamentos de organización y funciones (y no van más allá). Recurren a los informes de Asesoría Jurídica si tienen alguna duda para no resolver los temas o derivar a otra área u oficina lo importante. Si se les pregunta por qué hacen ésta u otra acción, responden porque siempre se ha hecho así o porque que así figura en el Plan Operativo Institucional (sagrado POI) del sector.
Los tecnócratas. Siempre están en todas las Altas Direcciones (no importa el gobierno) y generalmente son los mejor pagados. Son estudiosos y aplicados cuando se trata de observar propuestas ajenas, pero son difíciles de salir de sus propios "términos de referencia" conceptual si se trata de proponer o crear. No todos son así, pero sí la mayoría. Si son economistas los problemas se resuelven conteniendo el gasto público o reduciendo los terribles costos laborales o consultando a un banco de desarrollo con "responsabilidad social". Si son abogados quieren parecerse a los economistas.Los voluntaristas o activistas. Creen responder a las demandas sociales con interminables y continuas reuniones de trabajo y les gana la mirada puntual del tema inmediato. Pueden estar en permanentes reuniones con representantes o delegaciones, apuntan todo, pero no deciden ni proponen soluciones. Pueden parecer que trabajan y sirven pero están envueltos en lógicas de actividades de corto plazo. Su rutina es la actividad y miden sus resultados por los documentos que hacen o por los talleres, comités inter o intrasectoriales o seminarios a los que asisten, y pocas veces opinan.
Los Consultores. De ellos hay muchos. Generalmente han estado en el Estado en un cargo importante, aunque no fueron en muchos casos exitosos que digamos y ahora ensayan documentos, generalmente bien pagados y con TDR (términos de referencia) a la medida donde, generalmente, proponen lo que no hicieron, ya se hizo o no se puede hacer. No hay que negarlo que se podría generalizar injustamente, porque no dejan de tener buenas ideas y propuestas, pero ello depende de cómo se usan sus productos y la honestidad intelectual del consultor.El que llega sin saber. Generalmente está en el Estado por un favor político o relación familiar o amical. Puede tener cargo de dirección o no, pero no entiende la real importancia de lo que es trabajar en el sector público y, generalmente, no asume la responsabilidad de formarse, aprender a gestionar, tomar conocimiento de su propia función y dedicarse al puesto. Su mirada está permanentemente puesta en la quincena o el fin de mes.
El "lobbysta" (de muy arriba y de muy abajo). Puede estar en las altas direcciones o en las administraciones o simplemente en la atención al público. Éticamente son de los más execrables y sus actitudes son preocupación de las oficinas de control interno (pero siempre saben escaparse). Son los puntos de contacto de los mercantilistas empresariales o de los ciudadanos que no quieren hacer cola o simplemente que le apresuren su trámite. Pueden estar arriba gestionando intereses privados o ser contacto de famosos estudios de abogados, o están en el intermedio buscando proveedores amigos, o están cobrando para habilitar un turno rápido de atención.
Cuidado, podríamos aplicar esta topología o alguna parecida a la realidad de algunas empresas del sector privado; pero hablamos del Estado y aquí podríamos encontrar más de estos arquetipos negativos o anti-paradigmas, pero tampoco generalicemos. Hay funcionarios y empleados, cuales fuera su régimen laboral, que luchan día a día contra las trampas del Leviatán. Además, consciente o inconscientemente, todos podríamos en algún momento inclinarnos o ser tentados por las lógicas descritas. Justamente, el desafío es cómo construimos un servidor público adecuado para un país como el nuestro, en un Estado en proceso de modernización y que sea un gestor de desarrollo y equidad social.
¿Qué tipo de servidor requerimos?
Un gestor público con un compromiso activo de saber que trabaja para ciudadanos que necesitan del Estado pero que este Estado es perfectible y que requiere acercarse al país. Que innove constantemente y que su estabilidad en la carrera pública (en creación) sea evaluada de acuerdo a sus resultados y a las soluciones concretas a cada problema. Un gestor que esté en proceso constante de capacitación y preparación, pero que a la vez esté inmerso en las dinámicas sociales y en el día a día de los ciudadanos y ciudadanas.
Un gestor que siendo técnico y profesional entienda y procese correctamente las demandas políticas y sociales (sobre todo porque estamos en democracia). Un gestor público blindado ante las presiones privadas vengan de donde vengan y que resuelva creativamente de acuerdo a justicia y ley. Un servidor que luche contra los anti-paradigmas descritos y que contagie a más funcionarios que realmente se sirve al ciudadano, es decir, siendo un constructor activo de una sociedad más justa, moderna y cohesionada.


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